Pitérate – Psicólogos Madrid

Comer sano, comer con la mente.

Comer sano, comer con la mente.

Comer sano, comer con la mente.

Últimamente estamos saturados de tanta alimentación sana, del fitness, de lo ecológico

La cuestión es que, la inmensa mayoría de nosotros, no tenemos un hábitos tan óptimos y a veces se nos hace cuesta arriba poder seguir el ritmo diario de una alimentación en la que no nos sobrepasemos en algún aspecto. 

Desde Pitérate queremos que conozcas algunos datos y creencias que se tienen con respecto a este tema:

  1. Comemos con los ojos: Habrás oído esto millones de veces y es cierto. Numerosos estudios demuestran que las personas preferimos aquellas comidas que visualmente son más atractivas. Esto ocurría incluso cuando las personas sabían que la comida menos “atractiva” les gustaba menos.
  2. El gusto por la comida se asocia a situaciones: Piensa en un plato de judías verdes. Ahora piensa en un helado de chocolate. Seguramente, el primer menú te recuerde a tu casa, a una comida no demasiada cuidada ni hecha con esmero, a un ambiente no especialmente festivo. Sin embargo, al pensar en el helado seguro que recuerdas el verano, la época de vaciones, las buenas sensaciones, los amigos… Esto, inconscientemente cuenta mucho a la hora de decidirnos por un alimento u otro.
  3. Cuando seguimos una dieta nos premiamos con lo que queremos evitar: Bien, pensemos en una dieta (incluso las que nos ponen los nutricionistas). En muchas de ellas, nos dejan “saltárnosla” los findes de semana si el resto de días lo hemos hecho correctamente. Queremos eliminar – por ejemplo- las frituras, que nos encantan y de las cuales abusamos a menudo. Las eliminamos entre semana y si lo hacemos bien, llega el finde y se nos premia pudiendo comerlas. No podemos ser premiados con lo que queremos eliminar. ¿No sería mejor una dieta más equilibrada en la que no haya premios ni castigos y que de vez en cuando nos permita comer esas cosas sin que necesariamente se perciban como un premio?
  4. No sabemos cuándo estamos saciados: Al menos, no inmediatamente. La conexión cerebro-estómago no es instantánea. De allí, el hecho de que muchos expertos recomienden comer despacio. De esta manera se evita la ansiedad, se mastica más la comida, facilitando trabajo al estómago, pero también se da tiempo al cerebro a recibir la señal de saciedad. Seguro que te suena eso de comer y comer y de repente encontrarte fatal del estómago con una sensación de malestar terrible. Esto se debe a lo comentado; llevas un tiempo saciado, pero no has parado de comer porque a tu cerebro todavía no le había llegado la señal de hacerlo.
  5. El hambre emocional: Las emociones determinan en gran medida lo que comemos. Está comprobado que en situaciones de estrés, de mal humor, de negatividad… las personas preferimos alimentos “menos sanos” y con mayor contenido de grasas. Además muchas personas, alivian – o al menos, lo intentan- su ansiedad dándose atracones de comida. 

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