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El derecho a ser igual que el otro

El derecho a ser igual que el otro

El derecho a ser igual que el otro

La homosexualidad existe en más de 450 especies. La homofobia sólo en una.

El ser humano ha adquirido la capacidad de señalar con el dedo a todo aquel que cree diferente simplemente porque no se ajusta a su pensamiento, al modo de vida de la mayoría. Somos capaces de discriminar, de insultar y humillar a otro porque es diferente. Pero, ¿diferente a qué? La homosexualidad está datada en centenares de especies animales (más todas aquellas en las que aún no se ha observado). La homosexualidad es tan natural como cualquier otra condición. Ya existía hace 4 mil años y seguirá existiendo, haya o no modelos a imitar, haya o no más homosexuales sobre la faz de la Tierra. La homosexualidad no se elige, no se aprende, no se copia por moda. Naces así, como quien nace con los ojos verdes, pero siempre habrá alguien que te dirá lo contrario. ¿Por qué elegiría yo una vida de homofobia, de adolescencia llena de insultos, de miedo a ir a clase, de miedo a que se den cuenta en una entrevista de trabajo, de miedo a que mis padres me echen de casa, de no poder viajar a ciertos países donde es castigado con la pena de muerte? ¿Quién elegiría esa vida, quién querría morir a tiros en Estados Unidos o recibir una paliza un sábado cualquiera en Madrid? Sí, en Madrid a día de hoy, nos siguen persiguiendo. De hecho, cada dos días, se produce una agresión homófoba en la región desde que comenzó el año, y no me quiero ni imaginar en el resto de España. Nacemos con nuestra sexualidad programada, y ninguna moda nos impone con quién acostarnos. El instinto sexual, la forma de amar al otro, nunca va acompañada de elecciones, sino de imposiciones de la naturaleza.

¿Es este el futuro que le espera a nuestra sociedad? Parece que vivimos una absoluta involución. Votamos a partidos que se ha demostrado en los tribunales que nos roban hasta el aire que respiramos. Vamos a apoyar a la tonadillera que también nos ha robado. Ensalzamos a ídolos que su único mérito es pegar patadas a un balón mientras sufrimos la mayor fuga de cerebros en años. Nos arrojamos a las calles a apoyar a concursantes de reality, pero el domingo decidimos no ir a votar, tampoco nos manifestaciones por los recortes en Sanidad o en Educación. Somos el peor legado de Europa porque lo único que sabemos hacer es quejarnos a quien menos culpa tiene. Dejad de acribillar a enfermeras a quejas, dejad de acusar a los profesores del abandono escolar. La culpa está en el Congreso, bueno no, la culpa es nuestra por votar lo que votamos, por quedarnos en casa, por permitir que se rían de nosotros. La culpa es nuestra por tener idealizado al poderoso, por no salir a la calle y luchar por nuestros derechos. Y también va por el colectivo LGTB, cada vez más conformado, cada vez más centrado en la fiesta que en la verdadera manifestación de nuestros derechos.

España se hunde, y sólo tienes tú la culpa.

Ángel Rull.

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